Natalia

Natalia

Cali, Colombia

Veía que todos estaban completos y yo estaba marcada por una carencia. Me preguntaba ¿por qué tenía que tocarme justo a mi?

“Había una vez dos conejitos que no podían tener un conejito bebé, pero un día llegaba un regalo de Dios y ellos se ponían muy felices porque el regalo era un conejito bebé.” 
Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi infancia es este cuento que me contaba mi mamá. Desde muy pequeña mis padres me prepararon para comprender mi situación.

Soy adoptada.
De alguna manera siempre lo supe dentro mío pero terminé de descubrirlo a los 13 años.
Un día me invadió la necesidad de saber y comencé a leer los documentos que había en mi casa.
Quería ver quién era “la señora que me tuvo” o “a quién me parezco”, creo que uno siempre va a querer saber de dónde viene esa identidad, o los rasgos personales.
Mi mamá apoyó la idea y enviamos un correo electrónico al organismo encargado de las adopciones. Me respondieron pidiéndome una foto y algunos datos para comenzar la búsqueda. 

Al tiempo me enviaron la entrevista que le habían realizado a mi madre biológica sobre los motivos para darme en adopción. La razón fue que ella era muy jovencita cuando quedó embarazada de mi y tenía mucho miedo que en su familia la rechazaran por esto, por ello, decidió darme en adopción.
Fue un primer avance muy fuerte, muy impactante. No supe bien cómo seguir y pasaron dos años en los que no traté de contactarla.
Pero cuando cumplí 15 decidí que iba a hablarle.
La busqué en Facebook, la encontré, el nombre y otros datos coincidían, entonces le mandé un correo. Me contestó y empezamos a comunicarnos. Fue literalmente un mar de sensaciones difíciles de explicar, pero yo había sido clara en que no tenía ningún rencor sino que mucha curiosidad.

Hemos hablado por teléfono, conversamos un poco con algunos silencios y aun no nos hemos visto. En una de las llamadas ella le pasó el teléfono a mi padre biológico, quien nunca había sabido que era padre sino que se enteró a partir de mi iniciativa. Ese encuentro también fue muy amable.
Desde esa vez hablamos muy poco, conversamos sobre cosas generales, cómo estamos y cosas así, pero no hemos vuelto a hablar demasiado. Quizás podamos vernos en alguna oportunidad, por ahora lo bueno es que nos hemos encontrado entre tanta gente.  

LA CARENCIA MARCADA
Entre la infancia y la adolescencia mi seguridad personal fue disminuyendo claramente. De niña era muy segura y feliz. 
No se muy bien cómo funciona pero si bien el contactar a mis padres biológicos no fue una experiencia traumática ni dolorosa, siento que encarar esa búsqueda y ese proceso me afectó. Digamos que no salí ilesa de ese tiempo.
Sentí que me había vuelto muy sensible e insegura. Me daba miedo que mis compañeros de escuela supieran, ser adoptado puede llegar a ser muy cruel en la escuela. Por eso ya no me gustaba abrirme, contar mis problemas, o pedir consejos, me cerraba a solucionar las cosas por mí misma.
Cuando estaba mal o me invadían pensamientos tristes trataba de que nadie se diera cuenta, o cuando daba una opinión luego me arrepentía de lo que decía.
Así me fui quedando muy sola.
Creo que en el fondo tenía un profundo sentimiento de injusticia. Veía que todos estaban completos y yo estaba marcada por una carencia. Me preguntaba ¿por qué tenía que tocarme justo a mi? ¿Por qué la vida era tan injusta con algunos?

UN NUEVO CAMINO
Terminar la secundaria significó al menos un cambio de aire.  
El primer día que fui a la universidad a llevar los documentos de inscripción conocí a una chica llamada Juliana que casualmente vivía a pocos metros de mi casa. Comenzamos a hablar e intercambiamos números para ir juntas a clase.
Así empezamos a conocernos, hasta que luego se sumó otra chica llamada Melissa que iba al mismo salón de clases.
Meli trabaja con una organización llamada “Vida para la Universidad” y estaban organizando algo llamado “Alpha”. 

Me invitaron, y lo primero que pensé fue “no, no me hablen de Dios”, porque realmente pensaba que iba a hacer algo aburrido, ir a un lugar a sentarse para que te hablen de Dios. Además yo no sabía nada de Dios, la única vez que había pensado en Él era para echarle la culpa por mi pasado.
Pero eran mis amigas, las estaba conociendo, entonces acepté participar.
Fui y me recuerdo bien del primer día, porque fue la primera vez que me habían presentado o me habían hablado de un Jesús y un Dios real, porque antes sí sabía o pensaba que Dios existía pero no había podido ver cómo eso podía influir en mi vida, cómo yo podía tener una relación con Él, una relación real.
Había personas con pensamientos diferentes y que opinaban distintas cosas, y era muy bueno ver cómo los coordinadores explicaban las reglas para el intercambio de ideas.
Fui a todas las sesiones que se hacían con los videos, los cuáles me encantaron por hablar los temas de una manera diferente.
Descubrir el amor de Dios fue clave, pues yo sabía que Jesús había muerto pero no sabía por qué o para qué había muerto.
Pero lo más importante es que Alpha fue como una puerta o una oportunidad para que yo realmente me acercara a Dios como hija y no solamente como alguien que simplemente cree.

HIJA DE DIOS
Antes de hacer Alpha no me animaba a hablar de mi situación familiar. No le contaba a nadie, tenía miedo de lo que pudieran hacer o decir con mi historia. Incluso recuerdo que me molestaba que mi mamá le contara a todos, y ¡yo no quería que nadie supiera! Y las veces que yo hablaba de eso era literalmente llorando.  

Pero hoy puedo hablarlo de manera muy bien, la falta de seguridad y autoestima que tenía fruto de ser adoptada se ha ido y fue la tierra en la que Dios trabajó en mi vida, ya no me deprimo frente a los pensamientos sino que hablo con Dios y Él me ayuda a seguir adelante.

Sé que una vez fui adoptada por dos padres de este mundo, pero también sé que en Alpha fui adoptada por un padre del cielo.
Natalia Higuera

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